Estamos en un mundo lleno de corrupción y violencia, donde día a día vemos tantas injusticias y abusos que se cometen de parte de quienes tienen el poder, donde cada mañana podemos enterarnos de noticias tristes y debastadoras; guerras y actos bélicos que se cometen por motivos egoístas. Vemos la fragilidad de nuestros cuerpos y nos damos cuenta de lo fácil que podemos enfermar; es evidente lo deteriorada que se encuentra la sociedad en que vivimos, donde todo parece que está a punto de colapsar entre la inmoralidad y falta de amor con el respaldo de leyes impuestas por el hombre y no por Dios.
Viviendo en este mundo, nos podemos preguntar cuanto falta para que Cristo regrese por su iglesia. Sin embargo, hay un motivo muy claro por el cual Jesús no ha regresado; no es que Dios se tarde, sino que tiene misericordia, paciencia y amor para la gente, a tal grado que Jesús murió por todos los seres humanos y Dios quiere que cada persona tenga la oportunidad de conocerle (2a de Pedro 3:9).
Estamos en el tiempo de la gracia y Dios está dando oportunidad a que cada ser humano pueda reconocer su condición de pecado y aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Este es un tiempo para compartir de Dios, para anunciarle entre la gente, para cumplir el trabajo que Jesús nos encargó de hacer discípulos a todas las naciones.
Entre las malas noticias que escuchamos cada día nosotros tenemos la oportunidad de llevar el mensaje de amor y salvación, tenemos el gran privilegio, y la gran responsabilidad de hacerlo, de ser el medio para llevar las buenas nuevas a la humanidad cumpliendo con la tarea que Jesús nos dejó. (Mateo 28:19-20)
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